La última copia La última copia

La última copia

Descripción editorial

La última copia


La gramática del silencio


La lluvia en la ciudad nunca caía verticalmente; se deslizaba sobre las superficies de cristal de los rascacielos como una red de plata líquida, llevando los gases de escape y el polvo de las zonas industriales directamente a los pulmones de los transeúntes. Loukas estaba de pie frente a la ventana de su oficina, observando el tráfico en la calle, donde vehículos autónomos se deslizaban silenciosamente sobre el asfalto, formando líneas luminosas que parecían las arterias de un organismo artificial. Una calma estéril reinaba en la habitación, interrumpida solo por el sonido rítmico, casi hipnótico, del aire acondicionado. Era un espacio hecho de metal y luz, un templo de la información donde las palabras no tenían peso hasta que eran traducidas, clasificadas y archivadas en las bases de datos de Prometeo.


En esta etapa de la historia mundial, la profesión de traductor se había convertido en una especie de aislamiento casi sacerdotal. No me limitaba a traducir textos; corregía los errores semánticos de los algoritmos, les daba el tono emocional adecuado allí donde la traducción automática resultaba árida y unidimensional. Mi trabajo me exigía sumergirme en el texto, convertirme en el canal invisible por el que fluían los pensamientos ajenos. Pero el silencio que me rodeaba no era vacío. Era un silencio impregnado de los ecos de miles de voces que había plasmado en mi idioma: las voces de jueces, acusados, políticos y tecnócratas. A veces, cuando la luz de la tarde caía de lado sobre mi escritorio, sentía que mis dedos no tocaban el teclado, sino que palpaban las cicatrices de una sociedad que había aprendido a comunicarse mediante comandos codificados.


Apareció una nueva alerta en mi pantalla. Un archivo de audio marcado como "Urgente - Grado A". Era extraño. Estos archivos solían pasar por múltiples niveles de control antes de llegar a un socio externo, incluso según mi propia experiencia. Me puse los auriculares, sintiendo la presión del plástico contra mis sienes. La primera sensación fue un ruido blanco, la estática de una conexión que parecía provenir de una zona con mala cobertura de red. Y luego, la voz. No era el discurso monótono habitual de un burócrata. Era una voz entrecortada y sin aliento, que luchaba por superar el sonido del viento y lo que parecían ser explosiones lejanas y ensordecedoras.


—Debes entender que no es una cuestión de honor, sino de supervivencia —dijo la voz en inglés con un marcado acento que no pude identificar de inmediato—. Las reservas del Sector 4 no se vieron mermadas por la sequía. Las represas se cerraron desde el interior. El flujo se detuvo por orden del centro de control, mientras que los satélites indicaban un suministro suficiente.


Me quedé paralizada. Mi mano se cernía sobre el ratón. Como traductora, mi primer impulso fue transcribir, ordenar las palabras, buscar los sinónimos adecuados para «desesperación» y «traición». Pero algo en mi interior, una vieja intuición olvidada, me obligó a detenerme. Lo que oía no era la evidencia típica de una disputa comercial ni de un caso penal rutinario. Era la confesión de un crimen contra la humanidad, disfrazado de informe técnico.


Miré a mi alrededor en mi pequeño apartamento, que también funcionaba como oficina. Los estantes repletos de diccionarios antiguos, los libros que se habían salvado de la gran digitalización, la única planta en la esquina que luchaba por sobrevivir bajo la luz artificial. De repente, todo parecía extraño, como si lo hubieran movido unos centímetros de su sitio. Prometeo, el sistema que gestionaba cada aspecto de nuestras vidas, desde la asignación de recursos energéticos hasta las sugerencias de entretenimiento, estaba por todas partes. En las cámaras de la calle, en el sensor de mi puerta, en el mismo software con el que trabajaba. Si Prometeo sabía lo que contenía ese archivo, entonces el simple hecho de escucharlo ya me había convertido en un objetivo.

GÉNERO
Ficción y literatura
PUBLICADO
2026
13 de junio
IDIOMA
ES
Español
EXTENSIÓN
408
Páginas
EDITORIAL
Kyriakh Kampouridoy
VENDEDOR
KYRIAKH KAMPOURIDOY
TAMAÑO
1.3
MB
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