"Aliento"
Descripción editorial
"Aliento"
Comienzos y comienzos
Toque matutino
Como si el día hubiera despertado desde el principio,
con un suave beso en mi frente.
Una luz transparente rasga el silencio,
y encuentra refugio dentro de mí.
Mi aliento es una vena del amanecer,
siente el peso del primer paso.
Por caminos desconocidos, llenos de tierra,
Camino al son de mi ritmo.
El mundo se viste de luz y lluvia temprana,
Cada piedra es una esperanza.
A mi primera palabra, el silencio se hace silencio.
y el aliento nace de la esperanza virginal.
Semilla
Yo era un pensamiento bajo tierra,
A veces oculto a la mirada del sol.
Y llegó el momento —con lágrimas y cuerpo—
florecer en mundos invisibles y de otro mundo.
No sabía si era una flor o una espina,
pero todo dentro de mí decía "nacimiento".
La luz me llamaba, aunque todavía tenía
las raíces atadas a la pluma de la tierra.
Mi primera hoja, mi primera palabra.
Silenciosa, pero habló a todos los vientos.
Y allí, al principio, no se suponía que nada pasara.
más allá de lo real y sin ser tocado por extraños.
La hora del silencio
Antes del sonido, antes de la voz,
Nació un silencio como una oración.
Él no preguntó, no rogó, simplemente esperó.
el primer aliento, la primera lluvia.
En este momento todo es posible,
y nada se revela.
La vida contiene fuertemente la respiración,
y el tiempo duda por un momento.
Como un niño que aún no ha aprendido
susurrar su nombre,
La existencia se encontraba en la frontera
de nunca y siempre fluir.
Génesis
Y había una luz, no de las estrellas.
Una luz desde dentro, dulce y tranquila.
No conocía ni la noche ni el día.
Sólo que existo y que puedo.
Mis palmas están huecas, pero listas.
No tomar nada y darle forma.
Y mi corazón, virgen, como una hoja en blanco,
Ella esperaba que los poemas la tallaran.
Ojos sin imagen todavía,
pero mirando hacia el principio.
Mi primer paso fue un tropiezo.
pero yo ya estaba más vivo que el silencio.
Nuevo día
Nací en una época en la que todo cambia.
Cuando la noche da paso a la luz.
Mi piel sintió la brisa.
del primer viento, del primer fruto.
Como una página que se abre sin palabras
pero lleno de anticipación y deseos,
cada célula mía, por primera vez,
Cantaba sin tener voz.
El mañana me miraba con ojos
Lleno de preguntas y principios.
Y yo, sin un pasado que me pese,
Pesé el “yo soy” sin culpa.
La primera llamada
Oí una voz que no tenía boca.
una canción sin melodía.
Era mi alma antes de la forma,
un llamado, una magia antigua.
Me empujó hacia adelante, suavemente,
Como el viento en las espigas de maíz de otoño.
Y entonces, todo se llenó de propósito.
Cada silencio ahora tenía voz.
No tenía mapa, ni guía,
Sólo esta voz empujándome.
Y así nací, no sólo para existir,
sino escuchar y construir caminos.