Caparazón Caparazón

Caparazón

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Caparazón


El taller junto al mar


El taller de Eleni se encontraba a medio paso del agua, como si hubiera decidido irse y se hubiera arrepentido en el último momento. Las ventanas se abrían al aire salado; no para disfrutar de las vistas, sino para respirar. Por la mañana, cuando la ciudad aún desenredaba sus sueños de sus anclas, el sonido de las olas llegaba entrecortado, filtrado por la madera, el cristal y las velas viejas. Era el sonido que regulaba el ritmo de su trabajo.


Sobre la mesa de conservación, una madera desgastada con arañazos de vidas pasadas, las herramientas estaban dispuestas meticulosamente. Pinceles finos como pelos de pestañas, pequeños bisturíes, algodón, lentes. Eleni los tocaba como otros tocan imágenes: con respeto y con la silenciosa promesa de no precipitarse. Para ella, la conservación no era un retorno a la belleza. Era un retorno a la verdad de la materia, por muy dolorosa que fuera.


El olor a pegamento se mezclaba con la sal. La sal lo impregnaba todo: en la ropa, en el pelo, en los pensamientos. Lo había aceptado como se acepta una pequeña pérdida permanente. Levantó la vista y contempló el estante de objetos que aguardaban. Un reloj que se había detenido a una hora que ya nadie recordaba; una caja de tabaco con iniciales grabadas; un trozo de madera de barco, oscurecido por el tiempo. Cada objeto guardaba su silencio. Debería haberla escuchado, no traicionado.


Se quitó los guantes y se lavó las manos. El agua estaba fría y cristalina, como si le hubiera dado la distancia que necesitaba. En el espejo, su rostro parecía concentrado, no duro. Su mirada había aprendido a detenerse un poco más, a resistir lo invisible. Eso la había mantenido allí, en la ciudad que sabía cuándo hablar y cuándo callar.


Afuera, se oían pasos sobre los adoquines. Alguien tosió, arrastraron una caja. La ciudad despertaba sin prisa. Eleni regresó a la mesa y anotó la fecha y la hora en su cuaderno. Su letra era limpia, sin adornos. Lo que tuviera que decir se diría con precisión o no.


Entonces llamaron a la puerta. No insistieron. Fue un toque breve y mesurado, como una prueba. Levantó la cabeza, escuchó el mar un momento y fue a abrir. Aún no sabía que esa mañana le entregaría algo que no cabría fácilmente en su mesa; algo que requeriría más que herramientas y tiempo. Y, sin embargo, al alcanzar el pomo, sintió un sutil cambio, como si la temperatura del aire hubiera cambiado.


Se abrió. El día llegó con la salinidad. Y el taller, que sabía guardar secretos, se preparó para escuchar.


El taller estaba donde el camino se estrechaba tanto que el mar parecía tocar las paredes. No estaba justo al lado; había una franja de piedras mojadas, un viejo parapeto y una escalera que bajaba hasta el agua. Pero el aire entraba de todas partes. Sal, algas, madera vieja. Por la mañana, antes incluso de abrir las ventanas, Eleni sabía si el mar estaba en calma o furioso, solo por el sonido del edificio.


Ese día, el taller respiraba con dificultad. Las vigas crujían imperceptiblemente; no por el movimiento, sino por la humedad. La luz entraba oblicua, tenue, como si alguien la hubiera filtrado. Eleni se detuvo un momento en el umbral antes de entrar, con las llaves aún en la mano. La ciudad a sus espaldas despertaba lentamente. Pasó una moto, ladró un perro y se oyó el primer tintineo de una taza en el café de Manos.


Entró. Cerró la puerta sin hacer ruido. El taller estaba limpio, como siempre, pero no estéril. Las herramientas ocupaban su lugar; no por obsesión, sino por respeto. En la mesa central había dos objetos esperando. Un viejo reloj de bolsillo, abierto, con su mecanismo expuesto como un pequeño corazón. Y una caja de madera, todavía vacía, que olía a resina.


Dejó su bolso en la silla y se puso el delantal. Sus dedos eran finos, surcados por años de trabajo. No había señales de lesión, pero sí rastros de contacto. Tocó el reloj con la punta del dedo índice. El metal estaba frío, pero no hostil. Se agachó, entrecerró los ojos y escuchó el débil sonido. Seguía viva. Lo anotó mentalmente; empezaría por ahí más tarde.

GENRE
Fiction & Literature
RELEASED
2025
31 December
LANGUAGE
ES
Spanish
LENGTH
437
Pages
PUBLISHER
Kyriakh Kampouridoy
PROVIDER INFO
KYRIAKH KAMPOURIDOY
SIZE
1.5
MB
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