Lanzarillo de Tormes
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Publisher Description
¿Memoria de un pícaro o radiografía de una sociedad podrida? ¿Autobiografía burlesca o tratado amargo sobre el hambre y la hipocresía? El Lazarillo de Tormes —ese breve y fulminante opúsculo que funda la novela picaresca y, con ella, la modernidad narrativa en España— se presenta como un relato que no cuenta aventuras, sino supervivencias. Su anónimo autor, que acaso fue converso y que sin duda conocía las entrañas del dolor, escribe una obra que es todo lo contrario de una épica: aquí no hay héroes, sino vencidos; no hay gestas, sino migajas; no hay honra, sino su máscara.
Lázaro, el niño que sirvió a tantos amos y aprendió de cada uno una lección de desengaño, narra en primera persona su ascenso —o descenso, según se mire— por los escalones de una vida donde el hambre es el único maestro verdadero. El ciego avaro, el clérigo mezquino, el escudero pobre y orgulloso, el buldero embaucador, el capellán y el alguacil: cada amo es un espejo deformante de una Castilla que pregona su grandeza mientras muere de inanición. La ironía, que es la voz del narrador, se convierte en arma de conocimiento: lo que se dice no es lo que se significa, y Lázaro —el que todo lo ve y todo lo calla— nos enseña que en este mundo el que no aparenta no existe, y el que existe solo aparenta.
Pero el Lazarillo no es solo una sátira social. Es, ante todo, una reflexión sobre el lenguaje y el poder: ¿quién posee la palabra? ¿Puede el débil contar su verdad sin que el fuerte la distorsione? El prólogo, con su dedicatoria a un «Vuestra Merced» que nunca responde, instaura una tensión entre el relato y su destinatario que prefigura toda la literatura de la sospecha moderna. Lázaro escribe para justificarse, pero al hacerlo nos revela que la justicia es solo una forma de ficción.
Y al final, el célebre «caso de la justicia»: Lázaro, ya pregonero de Toledo, casado con la criada del arcipreste y tolerante con su infamia, nos ofrece el triunfo más amargo de la literatura española. No es un final feliz, sino un final lúcido: la felicidad, en este mundo, es el nombre que damos a nuestra propia derrota aceptada.
Un libro que duele porque ríe, que enseña porque engaña, y que sigue siendo, cinco siglos después, el retrato más verdadero que tenemos de nosotros mismos.