El Kerigma
Nuevo Caminar
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Descripción editorial
1. Varias reacciones ante la realidad del pecado en nuestras vidas.
Hay muchas reacciones, casi todas ellas proceden de una buena intención, pero no son conformes con lo que Dios quiere y nos pide.
Las excusas y el descargar la culpa en otros. Quisiera presentarse siempre ante Dios “con la frente alta” con la conciencia limpia y tranquila; pero como su realidad es otra, maneja excusas ante Dios, culpa a otros. Es la reacción de nuestros primeros padres,
La reprobación de sí mismo y los sentimientos de culpa. -El que ha pecado siente disgusto de no haber llegado a lo que debía llegar; se detesta a sí mismo por no ser conforme al deber que tenía que cumplir o al modelo que se había propuesto. Admira a los que cumplen y alcanzan lo que se han propuesto y hacen todo lo que Dios les pide. En el fondo piensa: "ellos sí están cerca de Dios, ellos sí son queridos por Dios". Siente miedo ante Dios, pide perdón angustiado y propone hacer más esfuerzos para llegar al estándar de los que son gratos a Dios.
El confiar totalmente en sus propias fuerzas. Esta reacción es simple y sencilla: pequé, pido perdón, pero no volveré a pecar. Esa no es la solución. No estar cometiendo pecados, no siempre significa tener una orientación correcta; puede haber un grave alejamiento de Dios detrás de la seguridad de no tener pecado.
El fatalismo. El que ha caído se da cuenta de que poco o nada puede contra el pecado y se resigna a convivir con el pecado. Es el que dice a los demás: "Así soy y aguántenme como soy". Cuando mejor reacciona piensa que si acaso podrá mejorar un poco; pero está convencido de que nada podrá contra su pecado.