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Descripción de editorial

El pensamiento idealista cartesiano es reconocido por los historiadores de la filosofía como el puente entre el Renacimiento y la Edad Moderna.
El Renacimiento se interesó en la subjetividad del hombre, enfocando la necesidad de su estudio en la búsqueda de sí mismo. Descartes, por su parte, reconoce la relación del hombre con el mundo y también la necesidad de canalizarla en su favor.
En este afán de Descartes está presente un nuevo problema que implica al hombre como sujeto cognoscente (res cogitans) y al mundo objetivo como el objeto de conocimiento (res extensa).
Su primera gran inspiración, en torno al conocimiento, consistió en saber que la razón, que constituye lo más substancial de la subjetividad humana, es igual en todos los hombres, de manera que, la diversidad de las opiniones humanas se origina solamente en los diferentes modos de guiarla y de los métodos a los cuales se aplica. Es un principio, a la vez teórico y práctico, que Descartes considera como la misma esencia del hombre.
Para Descartes, la razón es única y universal, es la facultad de juzgar bien y distinguir lo verdadero de lo falso. La razón, como facultad humana, no opera descubriendo o manifestando el orden divino en el mundo (como más tarde vendrán a considerarlo algunos Empiristas), sino produciendo y estableciendo el orden en los conocimientos y en las acciones de los hombres.
Para nuestro autor, el primer fruto de la razón es la ciencia y, en particular, la matemática, sobre la que funda el descubrimiento de su método basado en una duda sistemática que debe llevarnos al conocimiento de la verdad. Sin embargo, la razón afecta también a la naturaleza de los elementos sobre los que versa: estos elementos son racionales sólo en la medida que poseen claridad y evidencia.
Por el método cartesiano sabemos que en todo procedimiento racional, la claridad y la evidencia de todo elemento cognoscitivo, o sea, las ideas, constituyen la condición básica de todo procedimiento confiable. Descartes prueba con las matemáticas el valor universal de su método y llega a su fundamento último, esto es, a la subjetividad del hombre como pensamiento o razón para el conocimiento de lo real, es decir, la idea de la cosa que germina en el sujeto pensante, el cogito. Sin embargo, los Empiristas sostienen que lo único que conocemos son las impresiones de las cosas y no las cosas mismas y niegan las cualidades del sujeto cognoscente de Descartes.

GÉNERO
No ficción
PUBLICADO
2013
septiembre 18
LENGUAJE
ES
Español
EXTENSIÓN
79
Páginas
EDITORIAL
Adolfo Sagastume
VENDEDOR
Smashwords, Inc.
TAMAÑO
212.9
KB

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