"Laberintos" "Laberintos"

"Laberintos‪"‬

Descripción editorial

"Laberintos"


La colección sigue a varios narradores a través de distintos paisajes, cada uno de los cuales descubre capas de verdad, ilusión y emoción a través de diferentes perspectivas. Pueden estar viajando a través de paisajes mentales, lugares que simbolizan diversos estados emocionales o escenarios literales que representan conflictos internos. La historia de cada narrador entrelaza temas de autodescubrimiento, memoria, resiliencia y cambio.


El buscador

Ecos en la niebla

En el Bosque Brumoso, cada paso se hunde en susurros, una vieja voz, un recuerdo que llama, hilos de seres pasados enredados en las ramas, ecos de anhelo envueltos en los árboles.


Camino donde las sombras se difuminan como el aliento, en la neblina, veo indicios de lugares medio conocidos. Mi voz se mezcla con voces que quedaron atrás: un coro de seres, cada uno dolorido, perdido.


¿Qué eco debo seguir? ¿Qué visión estoy persiguiendo aquí? Me extiendo en fragmentos de caminos, dispersos como sueños que casi olvido.


Sin embargo, en algún lugar, en el tejido de los susurros, un corazón espera con un pulso tranquilo, y yo, el Buscador, lo busco, para encontrarlo, para sostenerlo, para llamarlo mío.


El Recordador

"El peso de los jardines del pasado"

En un jardín cambiante, los pétalos se desdibujan, cada uno es un fantasma, una página frágil: recuerdos presionados entre las hojas, floreciendo una vez más en una sombra espectral.


Camino entre rosas que crecieron en el amor, entre lirios que lloran, con la cabeza gacha, un huerto de días que intenté conservar; se marchitan, se disuelven y se convierten en polvo.


En la tierra yace el recuerdo de la lluvia, cada gota es un deseo que una vez me atreví a expresar. Estas flores me empujan hacia atrás, lentamente, hacia un yo distante y cercano a la vez.


Arranco un pétalo, lo suelto, lo disperso, lo olvido, lo dejo caer. Porque los recuerdos son solo jardines, y nosotros, sus guardianes, debemos aprender a marcharnos.


El vagabundo

"Deriva del desierto"

Cada grano del desierto es una elección, cada duna un camino que podría tomar. Deambulo bajo un sol silencioso, sin pasado, sin nombre, sin peso.


Aquí soy polvo en un mar dorado, un remolino de carne y de pensamiento fugaz. El viento zumba como una voz antigua: avanza, avanza, hasta que no haya nadie.


Detrás de mí, el camino se pierde, se borra, es un espejismo de opciones que no se han tomado. Sin embargo, en algún lugar, un horizonte aguarda, una línea que se dobla pero nunca se rompe.


Y así camino por arenas movedizas, excavadas en mi deambular. Lo que busco, quizá nunca lo sepa: un destino, un final, un comienzo.


El testigo

"Centinelas silenciosos"

En un campo, las estatuas se dispersan como estrellas caídas, cada una quieta, cada una tallada en el dolor, la alegría o la rabia, las emociones congeladas, fijas... la galería de la vida queda muda.


Paso junto a un niño con los brazos abiertos, alegría eterna en sus ojos de mármol. A su lado , un guerrero se inclina con tristeza, con cicatrices que el mundo olvidó.


Veo mi propio rostro en fragmentos, un reflejo en piedra, crudo y verdadero. ¿Soy cada una de estas formas silenciosas o simplemente el testigo que observa a través de ellas?


Aquí, las emociones se sostienen en una piedra eterna, mientras yo sigo a la deriva, el momento se ha ido. Y yo, el Testigo, aprendo el arte de observar, dejando que cada una pase.


El soñador

"Luz de luna y espejos"

El mar tiene mil caras, cada onda dobla una parte de mí: un yo líquido que se desliza y se reforma, un reflejo que rechaza la quietud.


Bajo la luz de la luna, miro hacia las profundidades, donde los rostros cambian y luego se desvanecen. Soy el espejo, el espejismo, la niebla, un sueño sin límites, al que nadie le pone nombre.


¿Qué soy yo, sino una marea tensa, entre las estrellas y las arenas movedizas? Alcanzo, me desvanezco, un suspiro sin fin, una sombra que baila sobre las olas.


Sin embargo, en algún lugar de este mar reflejado, una verdad se agita en un movimiento silencioso, y yo, el Soñador, voy a la deriva, atrapado, un yo fugaz, buscando la fusión.


El buscador

Camino fragmentado


En la neblina y la profundidad del bosque,

donde las ramas se retuercen y las sombras se arrastran,

El Buscador recorre un camino sin recorrer,

con senderos medio soñados que se dividen y corren.


Cada camino una elección, un ideal perdido,

Un recuerdo débil, demasiado delgado para sentirlo.

Tocan cada rama, cada hoja quebradiza,

Cada uno una esperanza, una débil creencia.


Aún los ecos murmuran en la niebla,

de verdades dejadas enterradas en el pantano.

Alcanzan pero agarran una brisa vacía,

Todavía buscando bajo los árboles silenciosos.


¿Cuántos caminos deben abandonar,

¿Para saber qué corazón vinieron a romper?


El Recordador

Farolas descoloridas


En calles abandonadas, oscuras y tranquilas,

donde los recuerdos se enroscan y las sombras llenan,

El Recordador deambula con pies silenciosos,

A través de callejones bordeados de calor vacío.


Las luces de la calle parpadean, fantasmas en el cristal,

como sueños desvanecidos que vienen y pasan.

Buscan en cada destello un rostro,

una mano, un nombre, una huella fugaz.


Estas calles una vez vibraron con aliento vivo,

Ahora los ecos persisten, reteniendo la muerte.

Cada luz un tiempo, una voz, un amigo,

que se desvaneció como terminan todos los momentos.


A la luz de la linterna, encuentran liberación,

por los recuerdos amados y dejados en paz.

GÉNERO
Ficción y literatura
PUBLICADO
2024
15 de noviembre
IDIOMA
ES
Español
EXTENSIÓN
335
Páginas
EDITORIAL
Kyriakh Kampouridoy
VENDEDOR
KYRIAKH KAMPOURIDOY
TAMAÑO
1.4
MB
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