Descripción de editorial

La Iglesia Adventista del Séptimo Día, que fue organizada a mediados del siglo XIX en los Estados Unidos y ha crecido a contar con casi 20 millones de miembros alrededor del mundo, siempre ha enfatizado la relación personal con Dios y la importancia de seguir nuestra consciencia al estudiar la Biblia.

Esa dedicación al estudio y la convicción individual con frecuencia ha colocado las enseñanzas y las prácticas de la iglesia en tensión con las iglesias establecidas y con los valores de la cultura popular. También ha resultado en que los miembros y líderes adventistas difieran radicalmente entre sí en una variedad de tópicos, desde la naturaleza de Cristo a la secuencia de los eventos finales.

Pero de las mayores creencias ha habido un amplio acuerdo entre los miembros. Los cristianos que no consideraban necesario el guardar el sábado como séptimo día de la semana no se unieron a una iglesia que adoraba en ese día y la quienes no creían en el retorno literal, o «advenimiento», de Jesús en cualquier momento no se unieron a la Iglesia Adventista.

Había también otro poderoso filtro. Muchos cristianos en el siglo XIX, citando los consejos de Pablo que las mujeres deberían de callar en la iglesia y no enseñar a los hombres, no se unieron a los Adventistas del Séptimo Día porque la iglesia aceptaba y valoraba el ministerio de las mujeres de una forma que no estaba en armonía con la cultura americana y la religión popular. Eso era especialmente evidente en la predicación, la enseñanza y el liderazgo en general de Elena White, co-fundadora de la iglesia.

Pero, con el tiempo, la actitud receptiva hacia las mujeres en puestos de liderazgo declinó. Después de que Elena White falleció en 1915, llegó a ser vista por muchos como alguien especial entre las mujeres adventistas, en lugar de un modelo a emular. Durante la primera mitad del siglo XX la mayoría de las mujeres líderes y evangelistas fueron reemplazadas por hombres. Después, a finales del siglo XX, muchos conservadores adventistas adoptaron una nueva doctrina, el «principio de la cabeza», que da primacía a los hombres sobre las mujeres, popularizada entre algunos evangélicos. Ese nuevo principio de la cabeza hubiera hecho que muchos adventistas no se hubieran unido a la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el pasado pero era ahora considerada por sus propugnadores como esencial para la interpretación correcta de las escrituras.

Este libro provee un breve bosquejo de quién desarrolló el principio de la cabeza entre las iglesias calvinistas, quién lo importó a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y por qué fue aceptado tan rápidamente por algunos adventistas.

GÉNERO
Religión y espiritualidad
PUBLICADO
2014
mayo 2
LENGUAJE
ES
Español
EXTENSIÓN
54
Páginas
EDITORIAL
Gerry Chudleigh
VENDEDOR
Smashwords, Inc.
TAMAÑO
151.4
KB

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